Cuando la serie Desperate Housewives comenzó, además del misterio en torno de la muerte de la narradora, Mary Alice, había una crítica social deliciosa a la forma de vida en los suburbios americanos. Dentro de cada casa de una callecita aparentemente elegante existía algún problema serio, eso me hacia reír mucho. Las manías de Bree, las pataletas de Susan, la vida caótica de Lynette, dividida entre su familia y el empleo, y las tonterías y traiciones de Gabrielle conquistaron un público cautivo en todo el mundo que quería siempre más, pero el más no llegó.
Bree y Katherine: arrugas del pasado. Crédito: Divulgación
De allá para acá, la serie perdió cerca de 6 millones de espectadores en los EE.UU., recuperando un millón en esta temporada, que sin duda fue mejor que las dos anteriores, pero aún inferior a la primera. Y desde la segunda temporada, algunas cosas se repiten, como los nuevos habitantes que llegan y salen. En la segunda temporada fue la familia de Betty, que guardaba un secreto en el sótano. En la tercera, fue el tiempo del pedófilo y en esta cuarta, de la pareja gay, que parece bien separado de la trama, y la vuelta de una antigua vecina, Katherine, que, claro, también guarda algún secreto terrible. Por lo menos este personaje está, de cierta forma, más integrada, ya que ella era una vieja conocida de las protagonistas.
Tom y Lynette: desconfianza Crédito: Divulgación
Tal vez la huelga de los guionistas haya complicado todo, pero algunos episodios mostraron lo inverosímil, como la salida en barco en la que Gabrielle acaba por dispararle a su marido, un político, en alto mar, y hasta el falso embarazo de Bree, esa fue dura de tragar. Lo que me venía siempre a la mente era que ellas estaban intentando “desesperadamente” reconquistar al público por medio de situaciones cada vez más sorprendentes.
Gabrielle y Carlos: sin piedad. Crédito: Divulgación
Después emitieron el episodio del tornado... Nada mejor que una catástrofe natural para acabar de una vez con personajes que ya no estaban rindiendo más, como el marido de Gabrielle y la amante loca del marido de Katherine. Ah, y aquella fuente horrorosa que la pareja gay había colocado en el jardín... De cualquier manera, los próximos episodios reservan maravillosas sorpresas, principalmente en esta cuarta temporada en la que veremos venganza, sospechas y revelaciones. Y la serie aún merece un voto de confianza. Yo por lo menos voy a seguir viéndola hasta el fin.