Hace un tiempo, luego que la serie House comenzó, comenté con un amigo médico qué, aunque supiera que me atiendo con uno de los mayores genios de la medicina, no sé si me gustaría ser tratada por un médico tan “seco” y antipático como el Dr. Gregory House (Hugh Laurie). La reposta de mi amigo no se hizo esperar: “el médico no tiene que ser simpático tiene que ser buen profesional.”
El Dr. House está siempre atento a los detalles. Crédito: Divulgación
Después de tantas series que mostraban el día a día de médicos que no solo eran simpáticos sino buenos, y también bonitos, ahí llega un médico que no llama la atención por su belleza, es antipático y encima es viciado en analgésicos. Pero él siempre acierta, y de esta forma nos conquista por la admiración, eso sin contar que la grosería de House con los otros, bien entendida, acaba siendo siempre divertida.
Cuando la segunda temporada llegó a su fin, me cuestioné si la serie tenía fuerza para continuar, porque ella seguía un cierto estándar de repetición y daba para cronometrar el momento de la “epifanía House”, normalmente en los últimos 5 minutos del episodio. Alguien dice o hace alguna cosa, la cámara de un primer plano en el doctor, él hace aquella cara de “¡eureka!” y el paciente finalmente se entera que no va a morir tan temprano.
Métodos poco ortodoxos pero resultados garantizados Crédito: Divulgación
En la tercera temporada el vicio de House dejó de ser una cosa que nos dejaba indiferentes (¿Está bien tomar muchos analgésicos? Él es médico y sabe lo que está haciendo.) para mostrar como cualquier vicio puede minar amistades sólidas, perjudicar el trabajo y mostrar lo que realmente existe de peor en el ser humano. El final de la temporada, entonces, fue un choque. Eric (Omar Epps), Chase (Jessé Spencer) y Cameron (Jennifer Morrison), los tres bravos escuderos de House, resolvieron abandonar el empleo, dejando a los fan en polvorosa.
El nuevo equipo de House. La número 13 es la preferida. Crédito: Divulgación
Esta cuarta temporada me probó porqué la huelga de los guionistas fue perfectamente válida. Los tres médicos que habían renunciado, volvieron para el hospital pero ya no ocupan más los cargos que tenían antes, y para completar esas vacantes, el Dr. House se convirtió en una especie de Donald Trump y creó su “El Aprendiz”, convocando a un grupo de médicos qué, a lo largo de los episodios eran despedidos hasta que sobraran los tres que conquistarían el empleo.
Y nosotros, al acompañar ese “show dentro del show” íbamos eligiendo a nuestros preferidos, tanto que la “número 13” (Olívia Wilde), por ejemplo, acabó siendo elegida por los espectadores del canal Universal como la personaje más querida después del propio House. Y como nosotros también adoramos odiar a alguien, Amber (Anne Dudek), la candidata malhumorada llegó para completar esa laguna, aún más ahora que es la novia del Dr. Wilson (Robert Sean Leonard), mejor, y único, amigo de House.
House o Amber. ¿Quién se quedará con Wilson? Crédito: Divulgación
El episodio de hoy es imperdible por dos motivos: el primero es el duelo que House y Amber traban por la “posesión” de Wilson. Los dos se comportan como una pareja separada que lucha por la guarda del hijo. El otro motivo es el paciente del día: un señor simple y gentil que no se irrita con absolutamente nada. ¡Para House eso solo puede ser un síntoma de una enfermedad grave! Por otro lado, sus colegas llegan a otra conclusión: si ser siempre gentil es una enfermedad, ser siempre antipático también debe serlo. Y resolvió descubrir si de verdad, el comportamiento de House no es carácter, sino síntoma. Langa vida al doctor.